Comencé a ofrecer sesiones online al principio de la pandemia por pura resignación, por instinto de supervivencia. Tenía claro que nada podría sustituir el contacto directo. Inconscientemente, me acompañaba el recuerdo de esas primeras videoconferencias a través de Skype cuando tenía apenas 20 años y vivía en Holanda. Han pasado ya 14 años desde aquel día en que aterricé en los Países bajos para convertirme en bailarín.

Recuerdo esa sensación de magia por ver las caras de mi gente, que estaba tan lejos, y a la vez mucha frustración porque la fibra no existía en España y la conexión era horrible. Se cortaba, se pixelaba, se deformaba y hasta el sonido llegaba mal. Un desastre. 

Emocionalmente, pensar en videollamadas me devolvía a casi 15 años atrás y me daba mucha pereza trabajar ahora a través de una pantalla

Emocionalmente, pensar en videollamadas me devolvía a casi 15 años atrás y me daba mucha pereza trabajar ahora a través de una pantalla. Necesitaba ver con mis ojos a la persona con la que estaba trabajando. Necesito ver los matices y no veía que una sesión online pudiera servir para lo que yo hago. 

 

Aun así, avancé. No podía quedarme quieto en casa. Ofrecí alguna sesión online de prueba con algún cliente ya conocido, con calma y confianza. Esas primeras sesiones no las aproveché lo suficiente, porque aún estaba esperando encender el televisor y que alguien me dijera:

– Venga, ya está la vacuna, todo el mundo puede volver a su vida de antes.

 

Entonces pasaron más y más semanas de confinamiento y pude realizar mi primer webinario; conseguí hacer alguna otra sesión y fui cambiando mi manera de enfrentarme a este nuevo panorama. 

Aquí va un listado de esos que tanto nos encantan en nuestra maravillosa era de la impaciencia.

1. Ya no estaba en el 2006. El 2020 ofrece conexiones mucho más estables, la imagen puede ser mucho más buena con algún pequeño truco. Os recomiendo usar vuestro teléfono móvil como webcam con aplicaciones como Iriun y con un pequeño trípode. 

2. Resulta que detrás de la webcam seguía habiendo personas. Que sus voces seguían dándome muchísima información y que, aunque no les viera el cuerpo entero, solo los gestos de la cara ya daban para hacer muchas sesiones.

3. Arreglé el espacio que rodea a mi ordenador, hasta pinté la pared del fondo de rojo; sí, rojo de Team Escénicos, con una pintura que había pedido en Leroy Merlin para que tuviese el mismo rojo que el de mis tarjetas de visita. Cuanto más cómodo me sintiera en mi espacio de videollamadas, más cómodo podría hacer sentir a la persona a la que le estaba dando su sesión. 

4. Traje plantas, muchas plantas, y me monté lo que casi parece un balcón andaluz particular en pleno centro de Barcelona. Detalles para hacer que estas videollamadas fuesen más y más vivas. 

5. Dejé de usar Zoom y comencé a probar otros programas como Meet, con menos ruido visual, más directos y con menos cortes, muchos menos cortes. Asegurarte de usar un buen programa ayuda a que la comunicación no se corte. La persona que está al otro lado tiene que sentir que está en el estudio de Team Escénicos. 

6. Los espacios los creamos las personas y nuestro mindset. Apártate de la cámara, deja que tu cliente vea tu habitación, vea tus brazos, tu postura y que pueda pasar a trabajar contigo.

7. Me di cuenta de que muchas cosas sí que se pueden trabajar perfectamente online, y las que no, las dejo apuntadas en mis cuadernos y las retomaremos cuando volvamos a poder vernos sin mascarilla. En comunicación, yo no puedo trabajar con la cara tapada. 

 

Ahora daré el siguiente paso, probablemente acabe comprando algún software superior a los gratuitos, como muestra de respeto a los clientes que siguen apostando por mi mentoring de comunicación en los tiempos que corren. Que cuando entren en la plataforma se den cuenta del afecto que les tengo y de lo afortunado que me siento de poder dedicarme a preparar a otros para que digan todas las cosas que quieren decir,  que lo hagan con el mayor impacto posible y respetando la autenticidad de cada individuo. 

 Seguramente adoptaré Adobe Connect, aunque aún ando barajando otras opciones cómo Growthcast.

 Cada día me doy cuenta de que no puedo hacer lo de siempre porque ya no existe lo de siempre

Barajar opciones es realmente el nuevo presente.  Cada día me doy cuenta de que no puedo hacer lo de siempre porque ya no existe lo de siempre, que tengo que encontrar cada día mi camino, mi nuevo camino. A veces me pierdo y toco más puertas de las que me corresponde? y me llaman mis amigos preguntándome cómo puedo estar en tantos sitios. Pero tengo claro lo que quiero hacer y sé que no quiero dejar de hacerlo. Me adapto y no tengo ya ningún problema en combinar sesiones online con presenciales; sesiones in company son sesiones tranquilas en un estudio propio. Sesiones mejores y sesiones peores. Porque los que nos dedicamos a entrenar a personas, al mentoring, a la educación, tenemos días mejores y días peores, como todo el mundo. 

Esa intensidad que tienen las sesiones de una hora, esa responsabilidad de querer ayudar lo máximo posible valorando el esfuerzo que cada cliente hace pagando el servicio. Me recuerda a la intensidad que se experimenta en  un escenario. Me gusta pensar que cada mentoring es un espectáculo, en el que ambos estamos delante de un gran público dando ambos, cliente y mentor, lo mejor de si mismos.

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