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Cuando te saltas lo obvio queda mucho menos qué decir. Primer lunes de encierro con familia e hijos, jugándonos los minutos a cara y cruz para trabajar entre juego y juego. Somos como grillos sacados de su escondite a plena luz del sol, tratando de llamar la atención entre tanto ruido, entre tanta gente que escribe posts desde sus casas, que aconseja, que muestra su cara más amable. 

Cada vez va a ser más difícil llevar una doble vida, tener un perfil amable y otro desagradable. Somos lo que somos, cada vez con menos filtro. Pero mi duda es. Para ser esa versión tan positiva que todos queremos mostrar en las redes sociales, no nos vendría bien calmarnos y leer un poco más. Jugar con nuestros hijos y aceptar que nuestra jornada laboral se acaba de disminuir drásticamente. 

Me preocupa qué en un momento de crisis lo primero que recibamos gratis es un paquete de series de cada uno de los servicios de streaming para no aburrirnos. Quizás lo que más falta hace es el aburrimiento, aburrimiento para pararte a pensar en las cosas que de verdad importan, en tu familia y en las horas que dedicas a llenar el calendario. Estamos en una de las mayores crisis mundiales de las últimas décadas y nos quieren tranquilizar a base de nuevas temporadas de series americanas. 

No se… Da que pensar. No sé exactamente el qué, pero algo ocurre con este planeta. Soy el primero que mira series, pero me sorprende ese afán de los medios por darnos cosas que hacer. ¿Acaso no tenemos proyectos propios que llevamos aplazando años? 

Siento la tentación de lanzaros una lista de todas las cosas que quiero hacer en mi encierro.

Siento la tentación de lanzaros una lista de todas las cosas que quiero hacer en mi encierro. Propósitos magníficos que incluyan el entrenamiento, la lectura diaria y la meditación. Controlo esa tentación y me niego a crear esos listados. Porque la verdad es que no tengo ni idea de lo que haré estos días. Me encuentro realmente en un momento de los que Eric Reis describe como “lean management”. Nuestras vidas se parecen cada vez más a una startup que se enfrenta a cambios cada vez más rápidos y dispares ajenos a nuestro control. 

Tengo ideas, pero como ocurre con la creatividad, sé que si las digo en voz alta se disiparán y se convertirán en humo. Prefiero contarlas “a caballo pasado”. Prefiero estar orgulloso de mis acciones y no tanto de mis planes. 

Hay una pretensión que sí que quiero remarcar: pretendo ser feliz sin permiso, feliz aunque cueste, aunque parezca inadecuado. La bolsa ha bajado un 30 por ciento como mínimo, pero la capacidad de mis hijos para reír sigue intacta. Todo es relativo. No sé cómo se organizan los que ponen los ceros a las grandes cifras, pero tengo esperanza en que vamos a salir de todo esto con muchas cosas aprendidas. Como mínimo, todos los que somos padres, conoceremos mejor a nuestros hijos. El mundo entero lo hará y eso, pase lo que pase, tiene que tener consecuencias positivas. 

Económicamente será todo un desastre. Emocionalmente espero que no lo sea. Que aprovechemos este bache para ser mejores personas de las que somos. Hay retos pequeños y retos gigantes. El corona es un reto de los gigantes. Te puedes achicar o venirte arriba. 

Elijo venirme arriba. Los valientes también tenemos miedo, pero seguimos adelante ¿Y tú? 

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